
Además de votar cada cuatro años (o seis meses), una de las formas más potentes con las que podemos transformar nuestro entorno social, económico y medioambiental es a través del consumo y de nuestros hábitos. Se acercan las fechas con más altos niveles de consumo y por ello quería compartir con vosotras y vosotros algunas reflexiones sobre cómo podemos tener unas prácticas más responsables. Las líneas siguientes no pretender ser un sermón moralista para decir qué está bien y qué no. Tampoco poner moralmente a nadie por encima de nadie. Sólo se trata de ser conscientes de las consecuencias de nuestras acciones y, en la medida de lo posible, tender a mejorarlas.
Nuestra tradición católico-consumista nos lleva a que en los próximos días nos intercambiemos ingentes cantidades de regalos materiales. Primeras recomendaciones sobre qué se regala: tratemos de que sean cosas prácticas, que no vayan a consumir recursos para acabar al día siguiente en la basura (o en eBay o Wallapop). Si los destinatarios son niños o niñas, hemos de vigilar no regalar juguetes sexistas ni violentos que perpetúen esquemas de desigualdades de género o de violencia. Mejor, regalemos juguetes o libros que incidan en reforzar valores personales como la igualdad de todo tipo, la cooperación y la solidaridad, el desarrollo personal, emocional y congnitivo, etc. Y sobre todo, no inundemos a los pequeños de regalos dándoles la idea de una abundancia innecesaria (que no valoran cinco minutos después de abrir los regalos) y que estigmatiza a las familias que responden a esas expectativas. Otra buena idea es regalar algo que hayamos fabricado personalmente, algo reciclado o incluso nuestro trabajo. Otra buena práctica es no regalar cosas materiales. Por ejemplo, cultura (obras de teatro, conciertos, cursos,...), bienestar (masajes, tratamientos corporales,...), o lo que a ti se te ocurra.
Otra cuestión importantísima en nuestras compras, ya sean regalos, comida, o lo que sea, es el habitual sobreempaquetado de los productos, generando superfluamente residuos. Donde vamos a hacer nuestras compras resulta fundamental. Debemos considerar sustituir las compras en grandes multinacionales por el pequeño comercio local. Socialmente, el comercio local potencia los lazos en la comunidad que constituye una ciudad; y económicamente crea más riqueza local porque el dinero se queda en el territorio sin irse a otros lugares (incluidos paraísos fiscales) y las PYMES pagan más impuestos que las grandes empresas. Procura que los objetos o alimentos que compremos no estén producidos a miles de kilómetros ni en régimen de semiesclavitud como lo hacen la mayoría de fabricantes en países en desarrollo.. Será mejor elegir aquellos que estén elaborados en nuestra proximidad, y especialmente con criterios de sostenibilidad. Los productos electrónicos son de lo más vendido, pero casi todo el mundo olvida o no conoce que están hecho con materiales muy escasos (coltán, litio, tierras raras,...) que suelen estar manchados de sangre por las guerras que provoca el control de su obtención y comercio. Además, tanto en su fabricación como tras su vida útil, producen gran cantidad de residuos peligrosos que, tras recorrer miles de kilómetros suelen acabar en África, China o India donde resulta mucho más barato tratarlos, entre otras cosas, porque los procesos no son en absoluto seguros para las personas ni el medioambiente. Así, la UE señala que el 66% de nuestros residuos electrónicos no se reciclan adecuadamente en plantas homologadas. Tenlo en cuenta.
Si el regalo elegido es un perro, gato o cualquier otro animal, primero, replantéatelo. Un animal no es un peluche y requiere mucha responsabilidad de quien lo va a recibir y debes tener la certeza de que esa persona (habitualmente en la infancia) está preparada y dispuesta. En caso de que eso sea así, piensa en adoptar el animal. Las protectoras, y en concreto la de Albacete gestionada por el Arca de Noé o la Asociación Dejando Huella, están llenas de perrunos y gatunos amigos deseando recibir cariño.
Y hemos llegado a las comilonas. ¿Quién prepara? ¿La madre? ¿La esposa? Probablemente sí… en la mayoría de casas les va a tocar a una o varias mujeres. En estas fiestas, lo importante es compartir el tiempo con los seres queridos. Si metemos a uno (o concretamente a una) en la cocina no es justo. Las cocinas son geniales espacios para ponernos al día de los meses que llevamos sin ver a la familia y para el cotilleo. Disfrutemos en grupo de esos momentos.
¿Y qué comemos? Mucho. Primera mala cosa para tu cuerpo, pero además esto puede ser malo para el planeta. Recuerda: “la comida no se tira”. Uno de los manjares que habrá en la mayoría de las casas será el marisco. Greenpeace pide no consumir marisco de cultivo (ya que esta práctica está acabando con los manglares tropicales), ni pescado con técnicas de arrastre (que destrozan el fondo marino). Para informar de buenas prácticas, Ecologistas en Acción elaboró la Guía de consumo responsable de pescado y marisco (de temporada) “Sin Mala Espina”. Es importante que intentemos que los productos que consumamos sean de temporada y que minimicemos el consumo de carnes, especialmente las rojas y procesadas. Por nuestra salud y por su gran impacto ecológico. Piensa en emplear en su lugar legumbres, verduras de temporada que con un toque de buena cocina y originalidad, también pueden resultar sabrosas y sorprendentes. Evita los dulces navideños industriales, en los que abunda el aceite de palma. Florent Marcellesi, eurodiputado de EQUO con Primavera Europea, explica muy bien los fatales efectos adversos que conlleva este ingrediente para el medio ambiente y para las personas.
¡Ah! Y si hay que transportarse de una población a otra, debemos evitar hacerlo en un coche particular, especialmente si no va lleno. Usar el coche compartido (con Bla Bla Car, Amovens,...), el autobús o el tren convencional, son mejores ideas (para el planeta) que ir sólo en el coche propio.
Como véis, este texto, más que un artículo de opinión, ha sido una serie de recomendaciones de buenas prácticas en las Fiestas que vienen y en cualquier momento del año. Evidentemente, yo nos las cumplo todas (y algunas veces, incumplo bastantes). Pero sí estoy convencido de que son un objetivo hacia el que tender porque nuestros hábitos y formas de consumir tienen gran repercusión en nuestra comunidad, nuestro entorno y el conjunto del planeta. Qué hacemos al respecto es nuestra responsabilidad.
No perdáis de vista lo poderosas que personas anónimas podemos llegar a ser, si actuamos en masa de manera responsable.
“Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”
Eduardo Galeano







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