Vivimos en un mundo y una sociedad donde las nuevas tecnologías, las comodidades de la vida moderna, el poco tiempo libre, y otro cúmulo de circunstancias han provocado una polarización de los hábitos de vida hacia aquellos poco saludables. El tabaco, y las enfermedades cardiovasculares son las principales causa de muerte evitable; sabemos cómo prevenirlo, pero algo falla.
La mayoría de gente es consciente de que mantener unos hábitos saludables, como hacer ejercicio físico de manera regular y diaria, una buena alimentación, y evitar hábitos tóxicos como el tabaco o el alcohol, es fundamental para vivir más tiempo y mejor. Pero, en la práctica siempre falla algo.
Os propongo un ejercicio de reflexión para priorizar los hábitos saludables: el más saludable, el segundo más saludable… hasta llegar a los poco salubables, ¿cuáles creeis que son más dañinos?
Instaurar nuevos hábitos es un proceso lento y progresivo, más todavía si no han fomentado estas actividades en nuestra infancia. Ser conscientes de los valores que tenemos acerca de estos hábitos puede ser un buen comienzo para empezar a cambiarlos.
Mi opinión como profesional de la Actividad Física y el Deporte y de la alimentación y la Nutrición, es que en salud pública, el tabaquismo sigue siendo uno de los problemas principales, seguido de cerca del sobrepeso y la obesidad, y en tercer lugar y no menos importante, el sedentarismo.
La cuanto a la suma de estos tres factores de riesgos, unido a una alimentación mediocre basada en alimentos procesados y ricos en azúcar y grasas, comida rápida, grasas TRANS o hidrogenadas, la falta de fibra alimentaria y alimentos de origen vegetal como fruta, verdura y legumbres; hacen que un porcentaje importante de nuestra población aumente de manera muy significativa la probabilidad de sufrir al menos alguna enfermedad, especialmente las cardiovasculares (diabetes, hipertensión, obesidad, síndrome metabólico…) pero tampoco están exentas otras como el cáncer, la osteoporosis y un largo etc.
La cantidad abrumadora de publicidad de estos productos alimentarios, y la poca regulación de la publicidad alimentaria, especialmente la dirigida a los niños, hace que el consumo de estos productos se dispare, a la par que todas estas enfermedades. Además estos “alimentos” son palatables y sabrosos, y para ser rentables (pues utilizan materias primas muy baratas como el azúcar o las grasas vegetales hidrogenadas) también son baratos, por lo que en tiempos de crisis se puede ver aumentado su consumo. Este bucle vicioso de consumo de productos insanos aumenta exponencialmente el coste sanitario y disminuye la calidad de vida de la población. El ejemplo más claro lo tenemos en USA, donde las bebidas inviduales de cola son casi de litro, y las raciones pueden equivaler las calorías necesarias para una persona y día.
Seguramente la reflexión anterior te lleve a modificar algún hábito; posiblemente más de uno. Si es así, me gustaría recomendar un par de consejos: el primero la calidad. Intenta empezar por modificar los más importantes. Si eres sedentario empieza por ahí, si fumas empieza por ahí, si no comes verdura ni fruta, empieza por ahí. El segundo consejo, es que intentes encontrar estrategias para mantener la adherencia a estos hábitos, pues no se trata de hacerlo un día o dos. Se trata de asimilarlos, y hacerlos nuestros.






