
En política, ha sido casi siempre “imposible contraponer (comparar) capitalismo y socialismo, puesto que el socialismo (como gestión económica por el Estado) ya no existe en ninguna parte, y si el capitalismo está reducido a la economía de mercado, el mundo entero es capitalista”. Esta frase del sociólogo francés, Alain Touraine, sacada de su artículo “3 y
2 ½” en El País, del 31-10-98 (hace 18 años), sigue vigente debido a la mayor globalización del mundo. Y decía que “la idea socialdemócrata carece de sentido, ya que corresponde al acceso al poder del sindicalismo, hoy en retroceso en todas partes”, frase igualmente vigente hoy, al igual que ésta: “sólo unos cuantos ideólogos pueden hoy dar una visión maniquea del mundo, pero la opinión pública ya nos les escucha”. Y opinaba que seguían existiendo las diferencias entre izquierdas y las derechas, en contra del triunfo del pensamiento único, según otros.
Además, decía en su artículo que había que reforzar la intervención del Estado nacional o regional (autonómico) frente: a unos mercados incontrolados, a los intereses privados, a la corrupción, a los corporativismos y a la burocracia. Pero que la capacidad de decisión pública, dependiendo del obstáculo a superar, hay que reforzarla de 2 maneras: 1) Si al Estado lo paralizan los feudos y los corporativismos, deben hacer su presencia los mercados (por eso Italia se hizo pro-europea, por no poder transformar su estado por sí misma). 2) Si el Estado es prisionero de mafias y grupos especuladores (un México aplastado por la catástrofe financiera FOBAPROA que engullía todos los dólares), la presión social puede conducir a un fortalecimiento y modernización del Estado.
Opinaba Touraine que todas las políticas son de Centro en el sentido de que buscan combinar los objetivos sociales con los fines económicos. Y clasificaba varias tendencias políticas:
1) Al liberalismo a lo Reagan y Thatcher (aplicaban las políticas neoliberales por primera vez en países desarrollados) que constituía la Primera vía, la denominamos la política del 1.
2) La antigua socialdemocracia, que constituía la Segunda vía, de la Segunda Internacional, la llamamos la política del 2.
3) La alianza entre las fuerzas económicas y el Estado define al Centro-derecha (Tony Blair y Schröeder lo llamaban la Tercera vía o el social-liberalismo, que acentuaba el liberalismo completándolo con políticas públicas de Educación y Sanidad, e intentando fortalecer a los actores sociales (la llamamos la política del 3)
4) Por tanto, al Centro-izquierda, o alianza entre las presiones sociales y el Estado, podríamos definirlo como la Internacional 2 ½ (creada por los socialistas de Europa central), punto intermedio entre la 2 (socialdemocracia antigua de la Segunda Internacional) y el bolchevismo (partido comunista ruso) de la Tercera Internacional.
5) Es importante reconocer la diferencia entre el centro-derecha (3) y el centro-izquierda (2 ½) y que no hay ruptura profunda entre las dos tendencias.
Por ello, cada país debe escoger una estrategia que pueda permitirle evolucionar entre una y otra. Félix H. Cardoso en Brasil, de centro-izquierda, tuvo que hacer políticas de centro-derecha (las del 3), pues el Estado estaba aplastado por el déficit del sector público que privaba de iniciativa frente al peligro de la vuelta a la inflación, pero que debía irse rápidamente a la política del 2 ½. En Italia, Romano Prodi, concebido como de centro-derecha por la izquierda italiana, fue apoyado por el partido Comunista y los Sindicatos, clara definición de un gobierno de centro-izquierda. Y opinaba que, en aquellos tiempos, Francia sólo podía encontrar el equilibrio con la política del 2 ½, aún con la resistencia de la vieja izquierda (la economía del funcionariado) y aceptando por Jospin las políticas de Maastritch y de Amsterdam (déficit administraciones <3% PIB y deuda <60% PIB), estrategia compleja y costosa pero eficaz que contó con el apoyo de la población.
Por eso, decía a sus 73 años este sociólogo francés (ahora de 91), que después de las políticas liberales y posliberales (que corrigen a éste con sanidad y educación) hay que dar mayor peso a las presiones sociales que puedan fortalecer la resistencia del Estado a las tormentas financieras. El socialista Ricardo Lagos en Chile lo hizo sentir así, y en Argentina con la subida del FREPASO. La transición hacia el 2 ½ sólo es posible si la vía está libre hacia la izquierda, si el intervencionismo en Francia era abandonado. Pero que lo importante entre el 3 y el 2 ½ es que están en un orden democrático, y por tanto fluctuante, porque no hay una frontera permanente e insuperable entre mayoría y minoría, ni tampoco en un orden revolucionario donde el otro es siempre un enemigo contra el cual hay que hacer una guerra siempre encaminada a eliminarlo.
Finalmente opinaba que la política de los mercados se limitó a la destrucción de todas las formas de resistencia social, buenas o malas. La resistencia de los antiguos modelos de izquierdas conduce a soluciones de centro-derecha. Y continuaba: “la prioridad de hoy consiste en pasar del centro-derecha al centro-izquierda, dadas las negatividades producidas por la transición liberal. Los estudiantes de enseñanza media, en Francia apoyaron la política de descentralización del socialista ministro de Educación Claude Allègre”. Otras veces, las resistencias del Partido Comunista han llevado a aplazar privatizaciones necesarias. Todo ello “muestra que ninguna opción puede ser extrema y que siempre hay que combinar ambas políticas, y que hay que saber cuál es la prioridad en cada momento”.
Actualmente en España, después de la política del 2 ½ de Zapatero, por clasificarla en algún apartado, seguramente obligada por la crisis que dejó al país en la bancarrota con un desempleo galopante, España votó a Rajoy pensando que sus políticas liberales (la política del 3) resolvieran el paro y la crisis de deuda. No se ha resuelto lo primero, y aunque le ha costado 3 años en empezar a reconducirlo, ha dejado la deuda en 1 billón de euros, aumentándola más que Zapatero. Frente a todo esto, los españoles ya optaron el 20D, y optarán otra vez el 26J, por políticas de centro-derecha o del 3 (el PP con unos 128 escaños), de centro-izquierda o políticas del 2 ½ (suma de escaños a PSOE y Ciudadanos alrededor de 128) y por partidos con políticas del 2, los de la socialdemocracia antigua de la Segunda Internacional (sobre 85 escaños para Unidos Podemos, partidos cuya finalidad es imponer un orden revolucionario, que apunte también hacia referéndums independentistas, donde “el otro es siempre un enemigo contra el cual hay que hacer una guerra siempre encaminada a eliminarlo”, como evidencian las posiciones de Unidos Podemos hacia el PP, PSOE y Ciudadanos)
La conclusión que sacamos es que no está muy claro qué política hay que implementar en España, aunque lo que daría más estabilidad sería jugar con políticas del 3 y del 2 ½, que traducido sería el gran pacto nacional PP, PSOE y Ciudadanos, ya que el panorama está mezclado con la crisis de crecimiento, desempleo, deuda, corrupción y regeneración democrática, aparte de existir posturas muy encontradas y la población no estar muy dispuesta a apoyar la política necesaria para el país, que al final será la de los que sumen una mayoría en el Congreso, sin olvidar que en Francia e Italia los partidos de centro-izquierda (socialistas que aplicaban políticas del 2 ½) están virando o copiando (sin el apoyo de Sindicatos ni Comunistas) las políticas del 3 (asociadas al partido de centro-derecha como el de Rajoy), lo cual tampoco demuestra nada, al no ser países con comportamientos políticos y económicos iguales al nuestro.
©Juan-Ramón Moscad Fumadó.
Economista. Profesor-Tutor Uned Almansa.

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