

El 4 de este mes, hace exactamente 12 días, Marta y David desaparecieron en Malasia mientras viajaban en una lancha motora.
“No sabemos dónde se encuentran ni si están vivos. El mar no estaba revuelto, pero no hay ni rastro de ellos”, respondía el padre de Marta sumido en una angustia que, seguro, jamás olvidará, a preguntas de los periodistas.
Seis barcos y dos helicópteros comenzaron las tareas de rescate ayudados por algunos aldeanos que unieron sus barcas a la búsqueda. Después hipótesis de fallos de motor, el Ministerio de Exteriores, la Embajada, despliegue de medios, Margallo en todo lo suyo, antes de confesar lo de los 4 pueblos, antes de ese instante sublime en el que volvió a ser persona por encima de político —político del “plan”—, y neoliberalista.
El Gobierno que no facilita un avión militar; eso lo dejan para que Rajoy pueda asistir a actos del PP, pero por suerte allí se intensifica la búsqueda: 9 barcos, 3 aviones, otro helicóptero. Teorías de secuestro, piratas, los pelos de punta para todos los que les conocían, el “no descartamos ninguna hipótesis” clavándose en las entrañas de sus seres queridos.
Campaña de crowdfunding para intensificar la búsqueda. Ese sistema que el Gobierno se ocupó de regular cuando se dio cuenta de que la invención resultaba una pequeña revolución financiera. Ahora los proyectos de crowdfunding no pueden captar más de un millón de euros y las nuevas plataformas han de tener un capital igual o superior a 50.000 €, o un seguro de responsabilidad civil con una cobertura anual de 150.000€. Además tienen que registrarse en la CNMV y en el Banco de España, y no pueden aceptar más de 3.000€ por inversor. Multas de hasta 200.000€ y prohibición de operar durante 5 años si te pasas de listo. Gobierno de España.
El Ministerio que aconseja a la familia de los desaparecidos viajar al país malasio por su cuenta para después contratar la ayuda de algún piloto local. Precio a convenir.
Por fin el día 12 se publica la gran noticia: están sanos y salvos. Han sido rescatados por un pesquero vietnamita. Iban a la deriva. Una ola que les tira, la barca que da la vuelta y falla el motor efectivamente cuentan. Comiendo peces voladores y moluscos. Bebiendo agua vaporizada gracias al ingenio de Marta y a su cinefilia. Que no perdieron nunca la esperanza, aseguran. Los familiares en éxtasis. Carlos Herrera que les hace la exclusiva. Que estaban más preocupados por cómo estarían sus familiares que por ellos mismos confiesan.
Marta Miguel: licenciada en Comunicación Audiovisual (esto me suena). En paro (esto también). 30 años.
David Hernández: técnico electricista en FCC durante siete años. En paro. 30 años.
Se marcharon el pasado mes de enero. En busca de una vida mejor. Se marcharon a un resort donde trabajaban a cambio de alojamiento y comida. Me sabe a poco y quisiera repetirlo: trabajaban por alojamiento y comida.
Marta y David, año 2016, España. Esa España que algunos se atribuyen, esa España que ahora resulta que es una marca. Esa España pepera que mantiene que gracias a Rajoy somos líderes de creación de empleo en la UE. Ese lugar donde desayunas, tras más de 2 años en el paro, con Mariano y su sonrisa jurando y perjurando que gracias a sus políticas hemos salido de la crisis. Esa España donde hace unos días su presidente, desde el Palacio de la Moncloa y sin corbata, protagonizaba un vídeo que no tiene desperdicio: combinando distintos tipos de plano y de enfoque (frente y perfil), música buen rollito a la altura del mismísimo Café del Mar, ¡Mariano sin corbata! (esto ya lo he dicho), fomentando el voto por correo (que no el voto rogado, ese es otra historia, ese es para gente como Marta y David, los que se han ido fuera por su espíritu emprendedor y por si no están muy conformes con ello mejor que no voten).
Luego viene la fiesta: afianzar la ¿recuperación?, potencia el ¿crecimiento?, y lo mejor: consolidar la creación de empleo. Consolidar dice el menda. Se queda tan ancho. Yo estoy seguro de que tienen que haber como 20 tomas falsas donde se muere de la risa el leer estas palabras. No puede tener tanta cara. Consolidar.
La clave es que la frase entera es: “consolidar la creación de empleo en España”. Si no añade esto último sí que podría ser válida, porque podría estar hablando de consolidar la creación de empleo en Filipinas. Marta y David serían un buen ejemplo de ello. Pero no. Dice España.
El otro día leía un artículo donde el padre Ángel, el fundador de Mensajeros de la Paz, retaba: “Quien diga que no hay hambre en España miente, que venga y se ponga en la fila del comedor social”. Esa será otra España. No es la azul pepera está claro.
Después viene el Mariano poli malo: que si no les votamos inseguridad, inestabilidad, que no podremos disponer de aviones militares para familiares en estado de ansiedad, los comunistas van a comprar en el Mercadona como personas normales, toques de queda y privación de papel higiénico en el Carrefour.
¿Queréis eso en vez de una España moderada, descerebrados, esa España del 3% y cientos de casos aislados de corrupción de mi partido? Los extremistas que llegan como el disolvente universal que se come todo, que todo lo trastoca. ¿Estamos locos? ¡Somos spañolesh coño, no venezolanos!
Pero después de todo el chill-out y los planos amables hay una cosa en la que efectivamente lleva razón: “el 26 de junio tenemos la oportunidad de tomar la mejor decisión sobre el futuro que queremos para los españoles y para este gran país”. Esta frase entrecomillada es textual. La recita tal cual. Hacedle caso. Españoles.
Yo sólo espero que Marta y David no lo olviden a la hora de votar. Tampoco sus familiares. Ni todos los que han sido privados de ese crecimiento, esa recuperación y esa estabilidad que sólo los de los casos aislados parecen disfrutar.







