Son más de 25 funciones en las que Antonio Campos y José Luís Montón han llevado al Lazarillo, al que suena a guitarra flamenca, por distintos escenarios del país, pero el subirse a las tablas del Teatro Circo es una sensación aparte. “Estoy con ataque de pánico desde el lunes”, confiesa Campos, porque el domingo encarnará la picaresca ante “gente que ya conoces” .
Campos y Montón han conseguido que la guitarra acompañe a la historia de Lázaro y de los personajes que lo acompañan. Ellos solos, ante un público que recibe cita tras cita, actuación tras actuación, con los brazos abiertos una representación en la que la música y el texto se complementan y viajan juntos.
Una obra que Antonio Campos llevaba tiempo queriendo hacer pero que no ha llegado hasta que no ha entrado José Luis Montón que “ofreció su guitarra”. Y con esa unión de dos genios sobre la escena llega una adaptación de una de las obras más importantes y conocidas de la literatura española, en la que “la música encaja perfectamente”. Dice Antonio Campos que se trata de “una simbiosis perfecta” en la que la guitarra “tira del texto como el texto tira de la guitarra”. Tanto así que los momentos más dramáticos “se remarcan con soleás” y para los cómicos “con bulerías”.
Y no se trata de un diálogo entre Campos y las notas de Montón, no. “La guitarra envuelve el texto,, lo ensalza y sobretodo lo poetiza, de tal manera que al espectador le llega mucho mejor”. Una unión en la que “hasta los silencios que se evocan están en conjunto” y con la que han querido darle una vuelta al este clásico para “hacerlo más llevadero”. Y a la vez actor y guitarrista encuentran ese equilibrio “que nos hacen felices y nos despoja de todo”.
Ése es el secreto de este Lazarrillo que arrasa donde va y que en esta obra pretende dejar la duda sobre la verdadera naturaleza del protagonista que está entre ese pícaro y el conformista. “Tiene que quedarnos la duda que si lo que ha contado es verdad o no lo es”, explica Antonio Campos, que incide: “Sigue habiendo ese pícaro por necesidad de hambre que no es el mismo pícaro que El Buscón de Quevedo. Aquí sí hay necesidad de hambre”.
El Lazarillo es un personaje eterno. Renovar un clásico es una tarea compleja que salvan con creces y que este domingo suben al escenario del Teatro Circo.







